“La importancia de la Resiliencia”

La promoción de la resiliencia desde la escuela es una parte del proceso educativo que tiene la ventaja de adelantarse y preparar al individuo para afrontar adversidades inevitables. No puede estar limitada a una intervención educativa con niños de alto riesgo o víctimas de contextos desfavorecidos

La resiliencia ha introducido una perspectiva diferente tanto en el ámbito de la psicopatología como en el de la Educación, al confiar más en la fortaleza de las personas y en sus posibilidades de realizar cambios positivos.

La resiliencia es entendida como el proceso que permite a ciertos individuos desarrollarse con normalidad y en armonía con su medio a pesar de vivir en un contexto desfavorecido y deprivado socioculturalmente y a pesar de haber experimentado situaciones conflictivas desde su niñez (Luthar y Cicchetti, 2000; Werner, 1984)

La psicología humanista hace tiempo que ha defendido la existencia en el ser humano de una “fuerza” que le lleva hacia la autorrealización ( Maslow, 1983), de un mecanismo interno, llámese actitud positiva o biófila, que favorece la salud y la normalidad, que alienta a crecer y ser mejores, aún en condiciones adversas (Chiland, 1982, Radke-Yarrow y Sherman, 1990).

El término resiliencia procede del latín, de resilio (re salio), que significa volver a saltar, rebotar, reanimarse. Se utiliza en la ingeniería civil y en la metalurgia para calcular la capacidad de ciertos materiales para recuperarse o volver a su posición original cuando han soportado ciertas cargas o impactos. Por extensión, la resiliencia podría representarse como la deformación que sufre una pelota lanzada contra una pared y la capacidad para salir rebotada.

La resiliencia no está en los seres excepcionales sino en las personas normales y en las variables naturales del entorno inmediato. Por eso se entiende que es una cualidad humana universal presente en todo tipo de situaciones difíciles y contextos desfavorecidos, guerra, violencia, desastres, maltratos, explotaciones, abusos, y sirve para hacerlos frente y salir fortalecido e incluso transformado de la experiencia (Vanistaendel, 2002).

La resiliencia comprende al menos dos niveles. En primer lugar está la resistencia o la capacidad de permanecer integro frente al “golpe”; además, la resiliencia comprende la capacidad de construir o de realizarse positivamente pese a las dificultades (Vanistendael, 1995).

Pierre-André Michuad (1996, citado en S. Tomkiewicz, 2004) describe 4 ámbitos de aplicación de la resiliencia:

 

La resiliencia sorprende a los médicos cuando algunos pacientes sobrepasan los límites de recuperación de sus enfermedades y prolongan sus vidas más allá de lo estimado. También motiva a los educadores, trabajadores sociales y terapeutas al comprobar que el destino humano no está exclusivamente en los genes ni en las experiencias de la primera infancia, sino que se construye día a día cuando el entorno cree en uno y ofrecer posibilidades de recuperación a quienes sufren y están excluidos de la sociedad. Favorecer la resiliencia es buscar el bienestar psicológico y promocionar la educación de calidad, la autoestima personal y las habilidades comunicativas, y pensar que en todas las etapas de la vida se puede cambiar y mejorar, contando con la decisión de los implicados y el apoyo sincero de los de su entorno.

Conclusión

Cuando los adolescentes perciben que no pueden afrontar cierto tipo de problemas de forma eficaz, su comportamiento puede tener efectos negativos, no solo en su propia vida sino también en el funcionamiento de sus familias y de la sociedad. Por ello es importante tener en cuenta las relaciones entre los estilos de afrontamiento y los factores que afectan a los mismos, tales como ser víctimas de negligencias o incompetencias parentales permanentes que implican una pobre estructuración normativa y afectiva, así como baja consolidación de roles y de la propia función paterna; abandono paterno o materno y ausencia de adultos responsables o de red familiar, lo que conlleva un daño psicoemocional en los jóvenes que tiende a presentar reacciones depresivas o agresivas que complejizan la reparación; malos tratos y/o abusos físicos, psicológicos o sexuales, ya sean episodios aislados o sistemáticos, lo que ocasiona una necesidad de un trabajo más específico y focalizado.

La escuela puede ser un contexto para el desarrollo integral y para la resiliencia de todos los alumnos, desfavorecidos o no, si es capaz de sobrepasar la mera función cognoscitiva de enseñar y aprender y se convierte en un verdadero espacio de comunicación, dando oportunidades a todos los alumnos para establecer vínculos positivos que en algunos casos compensen experiencias negativas de otros contextos sociales.

Bibliografías

Luthar, S., Cicchetti, D. (2000) The construct of resilience: A critical evaluation and guidelines for future work. Child Development, (vol. 3), pp. 543-562.

Maslow, A.H. (1983). El hombre autorrealizado: hacia una psicología del ser. Barcelona.

Pierre-André Michuad (1996, citado en S. Tomkiewicz, 2004).

Radke –Yarrow y Sherman (1990). Hard growing: children who survive. En J. Rolf y otros (eds.): Risk and protective factors in the development of psychopathology. Cambridge: Cambridge University Press.

Tomkiewicz, S. (2004). El surgimiento del concepto. En B. Cyrulnick et al.: El realismo de la esperanza Barcelona. Editorial Gedisa (pp. 33-50).

Vanistendael, S. y Lecomte, J. (2002). La felicidad es posible. Despertar en niños maltratados la confianza en sí mismos: construir la resiliencia. Gedisa

 

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